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Economía

la moda, hasta que, un día de un frío atroz, uno que había caído al agua vino a mi casa a calentarse, y lo vi despojarse de tres pares de pantalones y dos pares de medias antes de llegar a la piel, aunque estaban bien sucios y rotos, a decir verdad, y que podía permitirse el lujo de rechazar las prendas adicionales que le ofrecí, tantas eran las que llevaba debajo. Este chapuzón era justo lo que necesitaba. Entonces comencé a compadecerme de mí mismo, y vi que habría sido una obra de caridad mayor regalarme a mí una camisa de franela que toda una tienda de ropa barata a él.

Hay mil que cortan las ramas del mal por cada uno que ataca la raíz, y puede ser que quien dedica la mayor cantidad de tiempo y dinero a los necesitados sea quien más hace, por su modo de vida, para producir esa miseria que en vano se esfuerza por aliviar. Es el esclavista piadoso que destina las ganancias de cada décimo esclavo a comprar una libertad dominical para el resto.

Algunos muestran su bondad hacia los pobres empleándolos en sus cocinas. ¿No serían más bondadosos si se empleasen ellos mismos allí?

Te jactas de gastar la décima parte de tus ingresos en caridad; tal vez debieras gastar así las nueve décimas partes y acabar de una vez.

La sociedad solo recupera entonces la décima parte de la propiedad. ¿Se debe esto a la generosidad de aquel en cuyo poder se encuentra, o a la negligencia de los oficiales de justicia?

La filantropía es casi la única virtud que la humanidad aprecia lo suficiente. Es más, está muy sobrevalorada; y es nuestro egoísmo el que la sobrevalora. Un hombre pobre y robusto, un día soleado aquí en Concord, alabó ante mí a un conciudadano porque, según dijo, era

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