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Economía

una jarra para melaza y una lámpara barnizada.

Nadie es tan pobre como para tener que sentarse sobre una calabaza. Eso es desidia. Hay de sobra en los desvanes del pueblo de esas sillas que más me gustan, listas para quien quiera llevárselas.

¡Muebles! Gracias a Dios, puedo sentarme y puedo estar de pie sin la ayuda de una tienda de muebles.

¿Qué hombre que no sea un filósofo no se avergonzaría de ver sus muebles cargados en un carro y camino al interior, expuestos a la luz del cielo y a los ojos de los hombres, una mísera cuenta de cajas vacías? Esos son los muebles de Spaulding. Jamás pude saber al inspeccionar una carga así si pertenecía a un hombre rico o pobre; el dueño siempre parecía sumido en la indigencia. En verdad, cuanto más se tiene de esas cosas, más pobre se es. Cada carga parece contener el contenido de una docena

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