Codal
nydus/FlightPublic
Page 279 of 366
Table of Contents

XVIII

importante, memorizó lo que no les gustaba oír. Escuchó largos relatos sobre la rutina comercial hasta que le dio vueltas la cabeza y sintió la absoluta certeza de que jamás podría digerir ni una décima parte de esta.

Y también aprendió otras cosas: facetas del negocio que nunca antes había sospechado, aislada como había estado en los talleres. Si hubiera charlado más con las muchachas, reflexionó, habría sabido estas cosas antes. Aprendió los nombres de los clientes cuyas esposas y cuyas amantes compraban sus vestidos en Francine’s. Y se impresionó debidamente con la necesidad de nunca —nunca— permitir confusiones en la entrega de vestidos o sombreros. Aprendió las precauciones necesarias al aconsejar a los contadores sobre las facturas de estos artículos: qué factura debía enviarse a la casa del hombre y cuál a su oficina, marcada como «Personal».

Además, fue admitida en el secreto de la explotación a la que estos hombres eran sometidos tanto por sus esposas como por sus queridas. Oyó a Madame Francine explicar suavemente cómo a muchas de las esposas, a las que se les permitían cuentas ilimitadas en cuantas tiendas quisieran, sus maridos les daban muy poco dinero en efectivo.

Madame Francine respondió a la ingenua pregunta de Mimi sobre por qué los maridos con dinero para dar no se lo daban a sus mujeres con una risita cómplice.

«Las esposas con demasiado dinero para gastar podrían —con jóvenes interesantes por los alrededores— bueno, podrían olvidar que son esposas».

Mimi escuchó con asombro mientras Madame Francine le contaba cómo las esposas —y las queridas— venían con frecuencia y compraban vestidos que costaban trescientos dólares por los cuales se le enviaba al hombre una factura de cuatrocientos.

279