Ella había resuelto parcialmente ese problema sacándolo del orfanato y colocándolo con una familia en el condado de Westchester, donde podía verlo con frecuencia y donde podía dirigir la formación que debía recibir en el seno de la benévola familia francesa con la que vivía. Eligió este plan, pues sabía que sus largas horas en la tienda, las múltiples obligaciones de las noches y sus tres meses cada año en París le impedirían de manera efectiva brindarle a Jean la orientación y el cuidado que un muchacho de doce años necesitaba. De manera despiadada, hizo a un lado sus propios deseos, arrancándolos como si fueran crecimientos malignos que la salud exigía destruir sin concesiones. Buscó únicamente considerar las cosas que fueran de mayor provecho para él. El cambio de Baltimore al condado de Westchester la hizo más feliz, pero aun así persistía el anhelo incesante de tenerlo cerca: un anhelo doloroso e inaplacable por él que no se podía calmar.
Vio a la señora Rogers varias veces al año, pero su tía era la única persona de color que ahora formaba parte de su vida. Había habido varias chicas de color que en algún momento habían solicitado trabajo con ella cuando era modista. A estas las había sometido a las mismas pruebas que les hacía a las demás: si estaban a la altura de estas, las contrataba; si no, las rechazaba. Al principio, cuando llegaban tales solicitudes, había tenido miedo; había debatido si podía correr o no el riesgo de emplear a alguien que pudiera haberla conocido o visto cuando vivía en Harlem y que pudiera empezar a hablar. A menudo había oído, sin prestarle mucha atención al asunto, que por lo general, cuando las personas de color se hacían pasar por blancas, para demostrar su blancura, eran más antinegras que nadie. Cuando se enfrentó al problema por su cuenta, comprendió mejor lo que había detrás de ese sentimiento; ella misma no estaba del todo libre de él. Pero las había empleado y ninguna había dicho que ella era de color, aunque una de ellas, al irse de lo de Francine, le había confinado en privado a Mimi que sabía quién era.