una aversión o desprecio indisimulados hacia la virtud común sustentada en principios comunes. Al mismo tiempo son fervientes amantes, defensores acérrimos de la moralidad pura e ideal. Pero la adoran como la belleza suprema; su amor es artístico». Y así ocurre en toda la jerarquía de los hombres de genio. > «La belleza es la verdad, la verdad la belleza», es el lema que guía sus pies de largos viajes, mientras nos conducen adondequiera que deseen. Con Victor Hugo, seguimos, sin repugnancia, por las alcantarillas del viejo París: su sentido de la belleza las desinfecta para nosotros. Con Balzac y Tolstoy contemplamos sin revulsión las profundidades más abyectas de la depravación humana, discerniendo la belleza moral incluso allí; mientras que con Virgilio, Dante y Milton, caminamos indemnes por el mismo Infierno. La terribilità de Miguel Ángel, el caos y la anarquía de Shakespeare en su máxima expresión, como en Lear —éstos hallan expresión en ritmos perfectos, tan potentes que los reconocemos como procedentes de una belleza superna, la belleza de aquel alma «de la que también procede la vida del hombre y de la bestia, y de las aves del cielo y de los peces del
# LO DAEMÓNICO
"Desconocido —aunque cercano—,
Al hombre es el camino a la esfera del Demonio".
Pero para los hombres de genio —«los favoritos de la Estrella de la Mañana»— el camino no es desconocido, y por esta razón el elemento demoníaco se manifiesta constantemente en sus obras y en sus vidas. Dante, Cellini, Goethe, tres hombres tan diferentes en la naturaleza de sus respectivos dones y en sus temperamentos como fácilmente podrían