Mediante una serie de experimentos minuciosos y brillantes, se ha logrado demostrar el papel que desempeñan los «recuerdos disociados» en la causa de ciertos trastornos nerviosos y mentales funcionales.
Se ha demostrado que los choques emocionales graves, los sustos, las penas y las preocupaciones pueden ser —y con frecuencia son— borrados por completo del recuerdo consciente, mientras continúan recordándose vívidamente en las profundidades del subconsciente.
Se ha demostrado que a partir de ahí pueden ejercer, y con frecuencia ejercen, un efecto nocivo sobre todo el organismo, dando lugar a síntomas de enfermedad cuyo tipo particular ha sido determinado por la autosugestión de la víctima.
Como paso previo para efectuar una cura permanente de tales trastornos, es necesario llegar hasta esos recuerdos disociados y arrastrarlos de vuelta a la plena luz del recuerdo consciente. Para llegar a ellos, los psicólogos médicos se valen del hipnotismo, la escritura automática, la bola de cristal; en resumen, de cualquier método que fuerce una entrada en ese mundo temporal superior, mediante el cual el pasado olvidado pueda convertirse en el presente.
Esto consumado, y recuperado y fijado el momento crucial, la víctima de la oportunidad abortada es llevada a lidiar con él como se puede lidiar con lo fluido, y no se puede con lo fijo.
Nuevamente su pasado es plástico a la operación de su inteligencia y de su voluntad.
He aquí una buena nueva para los mortales: ¡el pasado recuperable y en cierto modo revocable!
Buda enseñó que todo pecado es ignorancia, y esta enseñanza se ha librado del olvido porque su verdad ha resonado en muchos corazones humanos.