imposible trazar una relación entre el pensamiento del espacio superior y las otras bienaventuranzas también, pero bastará con simplemente señalar el hecho de que la enseñanza central y esencial del Sermón del Monte, «Alumbrue vuestra luz delante de los hombres», está implícita en la convicción de todo aquel que piensa en el espacio superior: debe vivir abiertamente. Al morar continuamente en la difícil situación del hombre plano, desnudo, por decirlo así, ante la observación de un ojo que mira hacia abajo sobre su plano, llegamos a comprender nuestra propia exposición. En ese gran mundo todo lo que pensamos, hacemos o imaginamos queda abierto, palpable; no existe tal cosa como el secreto. Imbuidos de esta idea, comenzamos a vivir abiertamente porque debemos hacerlo; pero pronto llegamos a hacerlo porque lo deseamos. Al hacer que nuestras vidas limitadas sean abiertas y manifiestas las unas para las otras, nos tratamos mutuamente al servicio de la verdad como si todos fuéramos miembros de ese mundo superior. Imitamos, en nuestro mundo, nuestra existencia verdadera en un mundo superior, y así ayudamos a establecer condiciones celestiales sobre la tierra.
# NO RESISTENCIA AL MAL
El problema de la fealdad y del mal parecería a primera vista no tener relación alguna con el tema de la hiperdimensionalidad del espacio, pero existe al menos una relación simbólica. Esto le fue sugerido al autor por el empeño de dos amigos cuyos intereses eran eminentemente matemáticos en descubrir qué aspecto tendrían ciertas figuras tetradimensionales en el espacio tridimensional. Descubrieron que en un gran número de casos estas secciones transversales, al ser aisladas de este modo, revelaban poco de la simetría y la belleza de sus arquetipos de dimensiones superiores.