Sólo podemos medir el tiempo mediante el movimiento uniforme. Observad el círculo vicioso. Movimiento uniforme significa recorrer espacios iguales en tiempos iguales. Pero, ¿cómo hemos de determinar nuestros tiempos iguales? En última instancia no tenemos otro criterio que el movimiento uniforme de la manecilla del reloj o del cuadrante estelar. Las expresiones mismas, «movimiento uniforme», «tiempos iguales», presuponen toda la cuestión de la naturaleza del tiempo.
Consideremos pues, en esta coyuntura, el tiempo no desde el punto de vista del experimento, sino de la experiencia consciente: lo que Bergson llama «duración real».
Cada punto a lo largo de la línea de la memoria, de la experiencia consciente, ha sido trazado por ese estilete incansable al que llamamos "el momento presente". La cuestión de su velocidad de movimiento no la plantearemos, ya que es una con la que nos hemos hallado impotentes para lidiar. Creemos, basándonos en la mejor de las evidencias, que la experiencia consciente de los demás está condicionada como la nuestra. Para una mejor comprensión, recurramos a una analogía familiar: pensemos en estas líneas más o menos paralelas de experiencia individual a semejanza de los hilos de una madeja de lino. Ahora bien, si, en el momento presente, esta madeja fuera cortada con un cuchillo recto en ángulos rectos respecto a su longitud, el extremo cortado representaría el plano temporal —es decir, el momento presente de todos— y sería el mismo para todos siempre que el plano temporal fuera plano. Pero ¿es realmente plano? ¿Acaso la rectitud del cuchillo no es una mera pobreza de la imaginación humana? La existencia es siempre más rica y más dramática que cualquier diagrama.
"La línea en la naturaleza no se halla; La unidad y el universo son ronda. En vano producidos, todos los rayos vuelven;