nuestra si la limitación no nos afectara. Descubrimos entonces en nosotros una facultad para trascender la limitación, y al poco tiempo llegamos a vivir en el nuevo modo con la misma facilidad que en el antiguo. El pensamiento, consciente de sus propias limitaciones, conduce a la Nueva Libertad. «¡Conviértete en lo que eres!» es la máxima grabada en el dintel de este nuevo Templo de Iniciación.
DESINTERÉS
La especulación en espacios superiores es una educación en el altruismo, pues exige la eliminación de lo que Hinton denomina elementos propios de la observación. El movimiento diurno del sol es un ejemplo de elemento propio: no tiene nada que ver con el sol y sí todo que ver con el observador.
El sistema ptolemaico fundado sobre esta ilusión atiranizó la mente humana durante siglos, pero quién sabe de cuántas otras ilusiones seguimos siendo víctimas —pues lo peor de un elemento propio es que nunca se sospecha su presencia hasta que se le erradica—.
La Teoría de la Relatividad nos presenta un esfuerzo por librarnos del elemento propio en lo que respecta al espacio y al tiempo. Un hombre egocéntrico no puede hacerle plena justicia a esta teoría: exige de la mente un cierto desapego, y la idea se vuelve clara en la medida en que se alcanza dicho desapego, este altruismo.
De modo que, aunque sería demasiado afirmar que el pensamiento superior vuelve desinteresados a los hombres, al menos agrieta la dura capa en la que habita su egoísmo. Si un hombre se disciplina para abdicar de su punto de vista personal al pensar en el mundo en el que vive, facilita una actitud semejante con respecto a sus semejantes.