ya que los mensajes fueron transmitidos por un medio implicado con ellos en su transporte. Si solo se puede establecer la hora local, se abre directamente la posibilidad de un plano temporal deformado: la curvatura del tiempo. Sin duda es verdad que, a una escala tan relativamente minúscula como la que ofrece la tierra, cualquier desviación de la perfecta planitud del plano temporal sería tan insignificante e imperceptible como para hacerla científicamente desdeñable; pero esto no se deduce en absoluto cuando consideramos nuestra relación con otros mundos y otros sistemas.
Una condición similar se cumple con respecto a la distorsión del espacio. La Teoría de la Relatividad impone la conclusión de que, desde el punto de vista de nuestras convenciones al respecto, todos los cuerpos sometidos a transporte experimentan una contracción en la dirección de dicho transporte, mientras que sus dimensiones perpendiculares al mismo permanecen invariables. Esta contracción es la misma para todos los cuerpos.
Para cuerpos de baja velocidad, como la tierra, esta distorsión sería casi imperceptible; pero, grande o pequeña, ningún instrumento de medición en el cuerpo en transporte llegaría a revelarla, pues una unidad de medida experimentaría la misma contracción que la cosa medida.
# EL HOMBRE CUCHARA
Estos conceptos de que el espacio y el tiempo no son tan inmutables como parecen: de que nuestro universo puede sufrir distorsión, de que el tiempo puede retrasarse o apresurarse sin que nos demos cuenta en lo más mínimo, pueden aclararse de manera interesante mediante una ilustración sugerida por primera vez por Helmholtz, de la cual lo que sigue es una especie de paráfrasis.