El coronel de Rochas no creyó prudente llevar la hipnosis más allá, porque el sujeto parecía agotado y sus paroxismos eran dolorosos de ver. Obtuvo resultados análogos y aún más sorprendentes con otros sujetos.
Los comentarios de Maeterlinck sobre todo esto tienen un valor insignificante. Él rinde un hermoso tributo a la teoría de la reencarnación.
«Jamás hubo un credo más hermoso, más justo, más puro, más moral, fructífero y probable», dice:
sin embargo, a pesar de todo, es evidente que no se ha tomado la molestia de informarse plenamente sobre las enseñanzas orientales.
El éxito del coronel de Rochas, y el de todos los demás experimentadores en esta línea, se debe a su seguimiento inconsciente del método oriental. Él mismo dice que «evitó todo lo que pudiera encauzar al sujeto en una dirección definida», es decir, se abstuvo de la sugestión voluntaria.
Habiendo aludido tan frecuente y familiarmente a la creencia oriental en la reencarnación, y habiendo insinuado una base más sólida para dicha creencia que la única serie de experimentos mencionada anteriormente, no sería justo para con el lector no satisfacer su curiosidad más plenamente con respecto a estos asuntos. A la luz de nuestra hipótesis, adquieren una importancia que justifica su mayor consideración aquí.