# SUEÑO
Nuestro espacio se llama tridimensional porque se necesitan tres números —mediciones en tres direcciones mutuamente perpendiculares— para determinar y señalar cualquier punto particular de la totalidad de los puntos. El tiempo, tal como lo experimenta el individuo, se llama unidimensional por una razón análoga: basta un solo número para determinar y señalar cualquier evento particular de una serie de entre todos los demás.
Ahora bien, para establecer una posición en un espacio de cuatro dimensiones sería necesario medir en cuatro direcciones mutuamente perpendiculares. La curvatura del tiempo abre la posibilidad de un desarrollo superior correspondiente en el tiempo: uno en el cual el tiempo se simbolizaría de manera más adecuada mediante un plano que mediante una figura lineal.
En efecto, el conocido misterio de la memoria exige semejante concepción. La memoria es una prolongación del pasado hacia el presente, y el hecho de que podamos recordar un evento pasado sin ensayar mentalmente todos los acontecimientos intermedios en orden inverso demuestra que en el aspecto temporal de la memoria hay simultaneidad además de secuencia; el tiempo deja de ser lineal y se vuelve plano.
Ilustraciones más notables de la sublimación del sentido del tiempo se encuentran en los fenómenos del sueño y de los sueños.
«Oh, tú que duermes, ¿qué es el sueño?», pregunta el curioso Leonardo.