# SIMETRÍA
Projiciertemos primero la luz de nuestra hipótesis sobre una característica casi universal de las formas vivas, y sin embargo una de las más inexplicables: la simetría.
La vida animal exhibe el fenómeno de la simetría derecha e izquierda de los sólidos. Esto se ejemplifica en el cuerpo humano, en el cual las partes son simétricas con relación al plano axial.
Otro tipo de simetría más elemental es característico del reino vegetal. Una hoja en su contorno general es simétrica: aquí la simetría se da respecto a una línea, el nervio central. Este tipo de simetría es fácilmente comprensible, pues implica simplemente una revolución de 180 grados. Escriba una palabra en un trozo de papel y dóblelo rápidamente a lo largo de la línea de escritura para que la tinta fresca repita el patrón, y habrá logrado el tipo de simetría representado en una hoja.
Con la simetría de los sólidos, o la simetría en relación con un plano axial, ningún movimiento tan simple como el anterior basta para producirla o explicarla, porque la simetría respecto a un plano implica un movimiento cuatridimensional. Es fácil ver por qué esto ha de ser así. Para lograr la simetría en cualquier espacio —es decir, en cualquier número dado de dimensiones— debe haber una revolución en el espacio inmediatamente superior: es necesaria una dimensión más. Para hacer que la figura de tinta (bidimensional) fuera simétrica, tuvo que ser doblada en la tercera dimensión. La revolución tuvo lugar alrededor de la línea de simetría de la figura, y en una dimensión superior. En la simetría tridimensional (la simetría de los sólidos) la revolución debe ocurrir alrededor del plano de simetría de la figura, y en una dimensión superior, es decir, la cuarta. Podemos razonar sobre semejante movimiento con precisión matemática: vemos el resultado en la simetría dextrorsa y sinistrorsa de