ejemplo, al organizar una cena, empezaban habitualmente por Twemlow, y luego le añadían hojas o le sumaban invitados. * A veces, la mesa consistía en Twemlow y media docena de hojas; * a veces, en Twemlow y una docena de hojas; * a veces, Twemlow se estiraba hasta su máxima extensión de veinte hojas. El señor y la señora Veneering, en ocasiones solemnes, se sentaban el uno enfrente del otro en el centro del tablero, y así el paralelismo aún se sostenía; pues siempre ocurría que, cuanto más se estiraba a Twemlow, más se encontraba a sí mismo lejos del centro, y más cerca del aparador en un extremo de la sala, o de las cortinas de la ventana
Pero no era esto lo que sumía el frágil espíritu de Twemlow en la confusión. A aquello estaba acostumbrado y sabía calcularle la profundidad. El abismo cuyo fondo no lograba hallar, y del cual surgía la absorbente y cada vez mayor dificultad de su vida, era la insoluble cuestión de si era el amigo más antiguo de Veneering o el más reciente.
A la elucubración de este problema, el inofensivo caballero había dedicado muchas horas de angustia, tanto en sus habitaciones sobre el patio del picadero como en la fría penumbra, propicia para la meditación, de Saint James’s Square.
Así pues. Twemlow había conocido a Veneering en su club, donde por entonces Veneering no conocía a nadie más que al hombre que los presentó, el cual parecía ser su amigo más íntimo en todo el mundo y a quien conocía desde hacía dos días; el vínculo de unión entre sus almas, la nefasta conducta del comité respecto a la preparación de un filete de ternera, había quedado cementado por casualidad en esa fecha.
Inmediatamente después de esto, Twemlow recibió una invitación para cenar con Veneering, y cenó: estando el hombre presente.