Inmediatamente después de aquello, Twemlow recibió una invitación para cenar con el hombre, y cenó: estando Veneering presente. En casa del hombre había un Parlamentario, un Ingeniero, un Amortizador de la Deuda Nacional, un Poema sobre Shakespeare, una Queja y una Dependencia Pública, quienes parecían ser todos completos desconocidos para Veneering. Y sin embargo, inmediatamente después de aquello, Twemlow recibió una invitación para cenar en casa de los Veneering, expresamente para conocer al Parlamentario, al Ingeniero, al Amortizador de la Deuda Nacional, al Poema sobre Shakespeare, a la Queja y a la Dependencia Pública, y, al cenar, descubrió que todos ellos eran los amigos más íntimos que Veneering tenía en el mundo, y que las esposas de todos ellos (que estaban todas allí) eran objeto del más devoto afecto y de la más tierna confianza por parte de la señora Veneering.
Y así había ocurrido que el señor Twemlow se había dicho a sí mismo en su hospedaje, con la mano en la frente: «No debo pensar en esto. Esto basta para ablandar el cerebro de cualquiera», y, sin embargo, no dejaba de pensar en ello ni era capaz de llegar a ninguna conclusión.
Esta noche los Veneering dan un banquete. Once hojas en la Twemlow; catorce personas en total. Cuatro criados de pechos abultados y de civil se alinean en el vestíbulo. Un quinto criado, que asciende por la escalera con aire lúgubre —cual quien dijera: «Aquí viene otra desdichada criatura a cenar; ¡así es la vida!»—, anuncia: «¡El se-ñor Twemlow!».
La señora Veneering da la bienvenida a su dulce señor Twemlow. El señor Veneering da la bienvenida a su querido Twemlow. La señora Veneering no espera que al señor Twemlow le puedan importar mucho por naturaleza cosas tan insípidas como los bebés, pero un amigo tan antiguo debe tener a bien mirar al bebé. —¡Ah! Conocerás mejor al