Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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II. El hombre de ninguna parte

«Tampoco de Tobago».

—Excepto —interviene Eugene: con tanta inesperada brusquedad que la madura señorita, que se había olvidado por completo de él, retira sobresaltada la jineta para despejarle el paso—: excepto nuestro amigo que vivió durante mucho tiempo a base de budín de arroz y cola de pescado, hasta que al final, a propósito de no sé qué, su médico le dijo no sé qué más, y una pierna de cordero de algún modo terminó en daygo.

Una revitalizadora impresión recorre la mesa de que Eugene está resurgiendo. Una impresión insatisfecha, pues vuelve a ensimismarse.

—Ahora, mi querida señora Veneering —terció lady Tippins—, le pregunto a usted si esta no es la conducta más vil que se ha conocido jamás en el mundo.

Llevo a mis amantes a cuestas, de dos en tres a la vez, con la condición de que sean muy obedientes y devotos; ¡y aquí está mi amante en jefe más antiguo, el jefe de todos mis esclavos, renegando de su lealtad ante la compañía! ¡Y aquí está otro de mis amantes, un Cimón tosco ciertamente por ahora, pero de quien tenía las más esperanzas de que saliera bien con el tiempo, fingiendo que no puede recordar sus rimas infantiles! ¡A propósito para fastidiarme, porque sabe cómo me chiflan!

Una pequeña y macabra ficción acerca de sus amantes es el fuerte de Lady Tippins. Siempre la acompaña uno que otro amante, y lleva una pequeña lista de sus amantes, y siempre está anotando un nuevo amante, o tachando un viejo amante, o poniendo a un amante en su lista negra, o ascendiendo a un amante a su lista azul, o sumando a sus amantes, o poniendo al día su libro de otra manera.

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