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nydus/Our Mutual FriendPublic
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V. Concerniente a la novia del mendicante

Y a quien después alteró grandemente a intervalos, al emitir, cuando menos se esperaba, un sonido a medio camino entre un sollozo y una botella de agua de seltz, que parecía desgarrar el pecho de su vestido.

Entre los efectos más notables de esta crisis puede mencionarse el haber tenido, una vez restablecida la paz, una influencia moral inexplicable, de índole edificante, sobre la señorita Lavinia, la señora Wilfer y el señor George Sampson, de la cual R. W. quedó totalmente excluido, en calidad de extraño e insolidario.

La señorita Lavinia adoptó un aire modesto de haberse distinguido; la señora Wilfer, un aire sereno de perdón y resignación; el señor Sampson, un aire de haber resultado mejorado y disciplinado. La influencia impregnaba el espíritu con el que volvieron a la cuestión previa.

—Querido George —dijo Lavvy, con una sonrisa melancólica—, después de lo ocurrido, estoy segura de que mamá le dirá a papá que puede decirle a Bella que todos nos alegraremos de verla a ella y a su marido.

El señor Sampson dijo que él también estaba seguro de aquello; murmurando cuán eminentemente respetaba a la señora Wilfer, y que siempre lo haría, y que siempre lo haría. Nunca más eminentemente, añadió, que después de lo ocurrido.

—Lejos de mí —proclamó solemnemente la señora Wilfer desde su rincón—, la intención de contrariar los sentimientos de una hija mía y de un joven —al señor Sampson pareció disgustarle un poco esta palabra—, que es el objeto de su preferencia de doncella. Puedo sentir —y aun saber— que he sido engañada y defraudada. Puedo sentir —y aun saber— que he sido relegada y menospreciada. Puedo sentir —y aun saber— que, después de haber superado en tan gran medida mi repugnancia hacia el señor y la señora Boffin como para recibirlos bajo este techo, y consentir que vuestra hija Bella —aquí se dirigió a su marido— resida bajo el de

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