Se da efectividad al descubrimiento de la modistilla de muñecas
La señora John Rokesmith cosía en su ordenada salita, junto a una cesta de ordenadas prendas diminutas que tenían tanto el aspecto de pertenecer al ramo de la modista de muñecas, que uno habría podido suponer que iba a poner un negocio para hacer la competencia a la señorita Wren.
Si la Completa ama de casa de la familia británica le había impartido sabios consejos al respecto, no constaba, aunque probablemente no, ya que aquel oráculo nebuloso no se veía por ninguna parte.
Lo cierto, sin embargo, es que la señora John Rokesmith las cosía con mano tan diestra que debía de haber tomado lecciones de alguien. El amor es en todas las cosas un maestro de lo más maravilloso, y tal vez el amor (desde un punto de vista pictórico, sin más indumentaria que un dedal) le había estado enseñando esta rama de la costura a la señora John Rokesmith.
Se acercaba la hora de que John regresara a casa, pero como la señora John deseaba terminar una muestra especial de su habilidad antes de la cena, no salió a su encuentro. Plácidamente, aunque con una sonrisa más bien presumida, se sentó a coser sin parar con un sonido regular, como una especie de pequeño y