acciones dieron una respuesta de lo más extraordinaria. > —¡Por Jorge y el Dragón! —gritó Riderhood—, ¡si va y se
Había regresado, entre los troncos de los árboles de nuevo, y había avanzado hacia la orilla y comenzado a desnudarse sobre la hierba.
Por un momento tuvo un aspecto sospechoso de suicidio, preparado para fingir un accidente.
«¡Pero no habrías llevado un hato bajo el brazo, de entre toda esa madera, si tal hubiera sido tu intención!», dijo Riderhood.
No obstante, fue un alivio para él cuando el bañista, tras un chapuzón y unas pocas brazadas, salió del agua.
«Porque no me habría gustado», dijo con tono sentido, «perderte antes de haber sacado más dinero de ti tampoco».
Tendido en otra zanja (había cambiado de zanja a medida que su hombre había cambiado de posición), y separando un trozo de seto tan pequeño que ni los ojos más