asustar por los camellos de oro y plata, y están unidos para desafiar a las cubiteras de elaborada cinceladura. Incluso parecen unirse en la vaga expresión del sentimiento de que el dueño y la dueña de la casa van a sacar un buen beneficio de esto, y casi se comportan como clientes. Tampoco hay una influencia compensatoria en las adorables damas de honor; pues, al tener muy poco interés en la novia, y ninguno en absoluto las unas en las otras, esos seres encantadores se dedican, cada una por su cuenta, a contemplar con desprecio la modistería presente; mientras que el padrino de boda, agotado en el fondo de su silla, parece aprovechar la ocasión para contemplar con penitencia todo el mal que jamás haya hecho; siendo la diferencia entre él y su amigo Eugene, que este último, en el fondo de su silla, parece estar contemplando todo el mal que le gustaría hacer, en particular a la presente concurrencia.
En el cual estado de cosas, las ceremonias habituales languidecen y decaen, y el espléndido pastel, al ser cortado por la fina mano de la novia, presenta un aspecto de lo más indigesto.
Sin embargo, todo lo indispensable que hay que decir se dice, y todo lo indispensable que hay que hacer se hace (incluyendo los bostezos, el quedarse dormida y el despertar amnésica de Lady Tippins), y se apresuran los preparativos para el viaje nupcial a la Isla de Wight, mientras el aire exterior bulle de bandas de música y mirones.
Ante la vista de todos ellos, la estrella maligna del Analítico ha predestinado que el dolor y el ridículo se censen sobre él. Pues él, de pie en los escalones de la entrada para honrar la partida, recibe de repente un golpe tremendo en un lado de la cabeza con un zapato pesado, que un Buffer en el vestíbulo, sofocado por el champán y de puntería errática, le ha tomado prestado sobre la marcha al mozo del pastelero para arrojarlo tras la pareja que parte como augurio propicio.
De modo que todos vuelven a subir a los suntuosos salones —todos ruborizados por el desayuno, como si hubieran contraído la escarlatina