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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XVII. Un coro social

Veneering ofrecen un espectáculo brillante, y cuando yo, Podsnap, comento de pasada en otra parte que cené el lunes pasado con una espléndida caravana de camellos, me resulta personalmente ofensivo que se me insinúe que son camellos rencos, o camellos sobre los que pese algún tipo de sospecha. «Yo no exhibo camellos, estoy por encima de ellos; soy un hombre más sólido; pero estos camellos se han bañado en la luz de mi semblante, y ¿cómo se atreve usted, señor, a insinuarme que he irradiado camellos que no sean irreprochables?».

Los camellos se están acicalando en la despensa del Analítico para la cena de asombro con ocasión de que los Lammles se desmoronan, y el señor Twemlow se siente un poco indispuesto en el sofá de su hospedaje sobre el patio de caballerizas en Duke Street, Saint James's, a consecuencia de haberse tomado dos pastillas anunciadas hacia el mediodía, confiando en la declaración impresa que acompañaba a la caja (precio: un chelín y penique y medio, sello del gobierno incluido) de que las mismas «resultarán sumamente salutíferas como medida de precaución en relación con los placeres de la mesa».

A quien, mientras está achacoso con la fantasía de una pastilla insoluble atascada en la garganta, y también con la sensación de un depósito de goma tibia vagando lánguidamente por su interior un poco más abajo, le se presenta un criado con el anuncio de que una señora desea hablar con él.

—¡Una señora! —dice Twemlow, alisándose las revueltas plumas—. Tenga la bondad de preguntarle el nombre a la señora.

El nombre de la señora es Lammle. La señora no retendrá al señor Twemlow más de unos pocos minutos. La señora está segura de que el señor Twemlow le hará la gentileza de recibirla, al saber que desea particularmente una breve entrevista.

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