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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XVI. Minders and Reminders

“Oh, válgame Dios que no, señora. Esos son Custodios”.

—¿Cuidadores? —repitió el Secretario.

“Left to be Minded, sir. I keep a Minding-School. I can take only three, on account of the mangle. But I love children, and fourpence a week is fourpence. Come here, Toddles and Poddles.”

Toddles era el cariñoso apodo del niño; Poddles, el de la niña. A su pequeño y tambaleante paso, cruzaron el suelo de la mano, como si estuvieran recorriendo un camino sumamente difícil atravesado por arroyos, y, cuando la señora Betty Higden les hubo palmeado la cabeza, se lanzaron contra el huérfano, representando teatralmente el intento de llevárselo, entre alegres gorgoritos, al cautiverio y a la esclavitud.

Los tres niños disfrutaron de esto a más no poder, y el comprensivo Sloppy volvió a reírse larga y ruidosamente.

Cuando fue prudente detener el juego, Betty Higden dijo: «A sus asientos, Toddles y Poddles», y regresaron de la mano a campo través, pareciéndoles que los arroyos venían algo crecidos por las recientes lluvias.

—¿Y el maestro —o señor— Sloppy? —dijo el secretario, dudando de si era hombre, muchacho o qué.

—Un hijo del pecado —replicó Betty Higden, bajando la voz—; padres desconocidos; encontrado en la calle. Lo criaron en—con un estremecimiento de repugnancia—, en la Inclusa.

—¿El Asilo de pobres? —dijo el Secretario.

La señora Higden puso aquella cara suya de mujer resuelta y asintió sombríamente con la cabeza.

“Te disgusta que se mencione”.

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