ignorante Riderhood la pregunta contenida que llevaba en el pecho. > «Tendrás que hablar claro si quieres que te responda —pensó el Pícaro, con terquedad—; no voy a andar ofreciéndome de
—¡Vaya! ¿También fue insolente con ella? —preguntó Bradley tras un esfuerzo—. ¿O dio muestras de ser amable con ella?
—Hizo alarde de ser de lo más extraordinario con ella —dijo Riderhood—. ¡Por Jorge! Ahora yo—
Que se fuera por las ramas era indiscutiblemente natural.
Bradley lo miró en busca del motivo.
—Ahora que lo pienso —dijo Mr. Riderhood, evasivamente, pues estaba sustituyendo esas palabras por «Ahora que te veo tan celoso», que era la frase que en realidad tenía en mente—; ¡tal vez fue y me malinterpretó a propósito, con el motivo de estar encaprichado con ella!
La bajeza de confirmarle en esta sospecha o en la pretensión de tenerla (pues no podía haberla abrigado de verdad) estaba a un pelo de distancia de la meta que el maestro había alcanzado. La bajeza de entenderse y conspirar con el sujeto que habría arrojado esa mancha sobre ella, y también sobre su hermano, ya había sido alcanzada. El pelo de distancia restante se hallaba más allá.
Él no respondió, sino que siguió caminando con el ceño fruncido.
Lo que pudiera ganar con aquel conocimiento, no alcanzaba a resolverlo con sus lentos y torpes pensamientos. El hombre guardaba agravio contra el objeto de su odio, y eso era algo; aunque era menor de lo que suponía, pues en aquel hombre no moría la furia y el rescoldo mortal que ardían en su propio pecho.