Mortimer Lightwood, quien intervino profesionalmente con una celeridad y una determinación tan desacostumbradas, que toda labor era vigorosamente proseguida apenas se emprendía; por lo cual el joven Blight experimentó el efecto de aquel trago transatlántico que es poéticamente llamado un Abrebocas, y se vio a sí mismo atendiendo a clientes de verdad en vez de mirar por la ventana.
La accesibilidad de Riah demostró ser de gran utilidad para obtener algunas pistas que permitieran desenredar los asuntos de Eugene, por lo que Lightwood se dedicó con entusiasmo infinito a atacar y acosar al señor Fledgeby; quien, al descubrirse en peligro de salir volando por los aires debido a ciertas transacciones explosivas en las que se había visto envuelto, y tras haber sido lo bastante desollado bajo su paliza, parlamentó y pidió cuartel.
El inofensivo Twemlow se benefició de las condiciones estipuladas, aunque poco lo imaginaba.
El señor Riah, de forma inexplicable, se ablandó; lo visitó en persona, sobre el patio de las caballerizas en Duke Street, St. James’s, ya no rapaz sino manso, para informarle de que el pago de los intereses como hasta entonces, pero en adelante en las oficinas del señor Lightwood, aplacaría su rencor judío; y se marchó con el secreto de que el señor John Harmon había adelantado el dinero y se había convertido en el acreedor.
Así fue conjurada la cólera del sublime Snigsworth, y así fue como no bufó mayor cantidad de grandeza moral ante la columna corintia de la estampa sobre la chimenea que la que cabía normalmente en su constitución (y en la británica).
La primera visita de la señora Wilfer a la novia del Mendicante en la nueva morada de la Mendicidad fue un gran acontecimiento. Habían mandado a buscar a Pa a la City el mismo día de la toma de posesión, y este se había quedado anonadado por el asombro, había