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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XVI. La fiesta de los tres duendes

los Boffin te patrocinaran, y si hubieras venido de esas salas de esclavitud⁠—”

—Eso es pura tontería, mamá —dijo Lavinia.

—¡Cómo! —exclamó la señora Wilfer con sublime severidad.

—Salas de esclavitud, mamá, no son más que patrañas y pamplinas —replicó el impasible Imparable.

—Digo, niño presuntuoso, que si hubieras venido de los rumbos de Portland Place, doblándote bajo el yugo del mecenazgo y acompañado por sus criados de librea brillante a visitarme, ¿crees que mis profundos sentimientos habrían podido expresarse en meras miradas?

—En lo único que pienso —respondió Lavinia—, es en que desearía que se las expusieran a la persona adecuada.

—Y si —prosiguió su madre—, si restándole importancia a mis advertencias de que el rostro de la señora Boffin por sí solo era un rostro rebosante de maldad, te hubieras aferrado a la señora Boffin en vez de a mí, y al fin y al cabo hubieras vuelto a casa rechazada por la señora Boffin, pisoteada por la señora Boffin y expulsada por la señora Boffin, ¿crees que mis sentimientos se habrían podido expresar con miradas?

Lavinia se disponía a replicarle a su honrado progenitor que, puestos a eso, bien habría podido prescindir por completo de sus miradas, cuando Bella se levantó y dijo: «Buenas noches, querida mamá. He tenido un día agotador y me voy a la cama».

Esto disolvió tan amigable reunión. El señor George Sampson se despidió poco después, acompañado por la señorita Lavinia con una vela hasta el vestíbulo, y sin vela hasta la verja del jardín; la señora Wilfer, lavándose las manos de los Boffin, se fue a la cama al estilo de Lady Macbeth; y R. W. se quedó solo entre los restos de la mesa de la cena, en actitud melancólica.

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