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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XI. El podsnapperismo

paseo entre los muebles. Y en esto la inconsciencia del Ogro Grompus resultó gratamente conspicua; pues aquel monstruo satisfecho, creyendo que estaba obsequiando a la señorita Podsnap, prolongó hasta el límite máximo de lo posible la relación peripatética de un concurso de tiro con arco; mientras su víctima, encabezando la procesión de los dieciséis en su lenta vuelta en redondo, semejante a un funeral giratorio, jamás levantó los ojos sino una vez para robar a la señora Lammle una mirada expresiva de intenso desespero.

Por fin la procesión se disolvió por la violenta llegada de una nuez moscada, ante la cual la puerta del salón se abrió de golpe como si fuera una bala de cañón; y mientras aquel fragante artículo, disuelto en varios vasos de agua tibia coloreada, circulaba entre la compañía, la señorita Podsnap regresó a su asiento junto a su nueva amiga.

—Dios mío —dijo la señorita Podsnap—, ¡eso ya pasó! Espero que no me hayas mirado.

—Querida, ¿por qué no?

—Oh, yo lo sé todo sobre mí —dijo la señorita Podsnap.

—Te diré algo que sé sobre ti, querida —replicó la señora Lammle con su manera encantadora—, y es que eres tímida de un modo de todo innecesario.

—Mamá no está —dijo la señorita Podsnap—. ¡Te detesto! ¡Lárgate!

Este dardo fue lanzado en voz baja contra el galante Grompus por dedicarle una sonrisa insinuante al pasar.

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