Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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VIII

“Buen día, joven.”

La simpática figura del señor Fledgeby se retiró; y la pequeña modista, cortando, recortando y cosiendo, y cosiendo, recortando y cortando, se puso a trabajar a gran ritmo; meditando y mascullando todo el tiempo.

«Nebuloso, nebuloso, nebuloso. No consigo descifrarlo. ¿Ojos Pequeños y el lobo en conspiración? ¿O Ojos Pequeños y el lobo el uno contra el otro? No consigo descifrarlo. Mi pobre Lizzie, ¿tienen ambos maquinaciones en tu contra, de un modo u otro? No consigo descifrarlo. ¿Es Ojos Pequeños Pubsey, y el lobo Cía.? No consigo descifrarlo. ¿Es Pubsey fiel a Cía., y Cía. a Pubsey? ¿Es Pubsey falso con Cía., y Cía. con Pubsey? No consigo descifrarlo. ¿Qué dijo Ojos Pequeños? “¿Ahora bien, hablando con franqueza?”. ¡Ah! Salga por donde salga la liebre, es un mentiroso. Eso es todo lo que consigo descifrar por el momento; ¡pero puedes irte a la cama en el Albany, en Piccadilly, con eso por almohada, joven!»

Acto seguido, la pequeña modista volvió a secarse los ojos uno por uno, y haciendo un bucle en el aire con su hilo y atrapándolo hábilmente en un nudo con su aguja, pareció además darle garrote vil de propina.

Para los terrores que pasó el señor Dolls aquella tarde, cuando su progenitora se sentaba a meditar profundamente sobre su labor y él se imaginaba descubierto cada vez que ella cambiaba de postura o volvía los ojos hacia él, no hay nombre adecuado. Además, era costumbre suya sacudir la cabeza hacia aquel infeliz viejecito siempre que le sostenía la mirada mientras él tiritaba y temblaba. Como aquello que popularmente se llama «los temblores» hacía estragos en él aquella tarde, así como lo que popularmente se llama «los horrores», lo pasó realmente mal; situación que no mejoraba debido a su profundo remordimiento, que lo llevaba a gemir con frecuencia: «Sesenta porciones de a tres peniques».

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