Feliz cumpleaños
El señor y la señora Wilfer habían cumplido veinticinco aniversarios más de boda que el señor y la señora Lammle los suyos, pero aún seguían celebrando la fecha en el seno de su familia.
No es que estas celebraciones dieran nunca como resultado nada especialmente agradable, ni que la familia se viera decepcionada jamás por dicha circunstancia debido a haber aguardado el regreso del fausto día con esperanzadoras expectativas de disfrute. Se guardaba moralmente, más como un ayuno que como un banquete, lo que permitía a la señora Wilfer mantener un estado sombrío y tenebroso que mostraba a esa imponente mujer en su salsa.
La condición de la noble dama en estas encantadoras ocasiones era una combinación de resistencia heroica y perdón heroico.
Lúgubres indicios de los mejores matrimonios que podría haber contraído brillaban a través de la lúgubre calma de su compostura, y revelaban intermitentemente al querubín como a un pequeño monstruo inexplicablemente favorecido por el Cielo, que se había apoderado de una bendición por la que muchos de sus superiores habían sufragado y luchado en vano.
Tan firmemente se había establecido esa su posición respecto a su tesoro, que cuando llegaba el aniversario, siempre lo hallaba en un estado de disculpa. No es imposible que su modesta penitencia haya llegado incluso al extremo de reprenderse severamente a veces por haberse tomado jamás la libertad de hacer de un personaje tan encumbrado su esposa.