y una noches*. ¿Te da curiosidad verlos, querido mío? Di que los vas a tratar. Ven a cenar con ellos. No te van a aburrir. Di quién quieres que te acompañe. Armaremos nuestra propia reunión, y te aseguro que no te molocarán ni un solo instante. De verdad tienes que ver sus camellos de oro y plata. Yo llamo a su mesa de comedor, la Caravana. ¡Ven a cenar con mis Veneering, mis propios Veneering, mi propiedad exclusiva, los amigos más queridos que tengo en el mundo! Y sobre todo, querido mío, asegúrate de prometerme tu voto, tu apoyo y todo tipo de sufragios en bloc por Pocket-Breaches; pues ni pensamos gastar un céntimo en ello, amor mío, y solo podemos aceptar que nos elijan mediante los espontáneos artilugios de los incorruptibles cómo-se-llaman.
Ahora bien, el punto de vista adoptado por la fascinante Tippins, según el cual todo ese ajetreo y esa movilización tienen como único fin mantener las apariencias, puede tener algo de cierto, pero no abarca toda la verdad. Se hace más —o se considera que se hace más, lo cual viene a ser lo mismo— tomando taxis y «andando de arriba abajo» de lo que la bella Tippins alcanzaba a saber. Muchas reputaciones vastas y vagas se han forjado exclusivamente a base de tomar taxis y andar de arriba abajo. Esto se aplica de manera muy especial a todos los asuntos parlamentarios. Ya se trate de hacer entrar a un hombre, sacarlo, pasarlo a otro bando, promover un ferrocarril, jugárselela a un ferrocarril o cualquier otra cosa, no hay nada que se considere tan eficaz como recorrer el infinito a una velocidad violenta; en una palabra, como tomar taxis y andar de arriba abajo.
Probablemente porque este motivo flota en el ambiente, Twemlow, lejos de ser el único en la persuasión de que trabaja como un negro, es superado por Podsnap, quien a su vez es superado por Boots y Brewer. A las ocho en punto, cuando todos estos esforzados trabajadores se reúnen para cenar en casa de los Veneering, queda entendedor que los