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nydus/Our Mutual FriendPublic
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XI. El podsnapperismo

Entre tanto, un personaje descarriado de aspecto apacible, que había llegado hasta la alfombra de la chimenea y se había metido entre los jefes de tribu reunidos allí en conferencia con el señor Podsnap, disipó el rubor y la grandilocuencia del señor Podsnap con un comentario de lo más grosero: nada menos que una alusión al hecho de que media docena de personas habían muerto recientemente en las calles de inanición.

Estaba claramente fuera de lugar después de cenar. No era apto para las mejillas de la young person. No era de buen gusto.

—No lo creo —dijo el señor Podsnap, apartándolo con un ademán—.

El hombre apocado temía que tuviéramos que darlo por sentado, porque ahí estaban las pesquisas y los informes del Registro.

—Entonces fue culpa de ellos —dijo el señor Podsnap.

Veneering y otros ancianos de las tribus elogiaron esta salida del paso. A la vez un atajo y un camino ancho.

El hombre de porte manso dio a entender que, en verdad, a partir de los hechos parecía como si se les hubiera impuesta el hambre a los culpables en cuestión⁠—como si, a su manera miserable, hubieran presentado sus débiles protestas contra ella⁠—como si se hubieran tomado la libertad de alejarla de haber podido⁠—como si, en resumidas cuentas, hubieran preferido no pasar hambre, de serle perfectamente agradable a todas las partes.

—No hay —dijo el señor Podsnap, enrojeciendo de ira—, no hay un solo país en el mundo, señor, donde se provea de manera tan noble a los pobres como en este país.

El hombre apacible estaba muy dispuesto a admitir aquello, pero tal vez eso empeoraba aún más las cosas, al demostrar que debía de haber algo terriblemente mal en alguna parte.

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