interior no muy disímiles de la voz artificial que impregnaba las entrañas del pájaro amarillo, ejércitos de hojalata, acróbatas moriscos, juegos de té de madera y las riquezas de la tierra.
Mientras Johnny murmuraba algo con su apacible admiración, las mujeres que lo atendían a la cabecera de su cama le preguntaron qué había dicho.
Parecía que quería saber si todos aquellos eran hermanos y hermanas suyos; así que le dijeron que sí.
Parecía entonces que quería saber si Dios los había reunido a todos allí; así que le volvieron a decir que sí.
Comprendieron luego que quería saber si todos ellos se librarían del dolor; de modo que también respondieron afirmativamente a esa pregunta, y le hicieron entender que la respuesta lo incluía a él mismo.
Las facultades de Johnny para sostener una conversación estaban aún tan imperfectamente desarrolladas, incluso en estado de salud, que durante