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nydus/Our Mutual FriendPublic
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Un contrato matrimonial

Tras lo cual, aparece Sophronia (a quien Twemlow ha visto dos veces en su vida), para agradecer a Twemlow haber falsificado al difunto Horatio Akershem Esquire, grosso modo de Yorkshire.

Y tras ella, aparece Alfred (a quien Twemlow ha visto una vez en su vida), para hacer lo propio y para lucir un brillo pastoso, como si estuviera hecho exclusivamente para la luz de las velas y lo hubieran sacado a la luz del día por un gran error.

Y tras eso, llega la señora Veneering, en un estado de silueta predominantemente aguileña y con botoncitos transparentes en su genio, como el botoncito transparente en el puente de su nariz, «Extenuada por la preocupación y la emoción», como le dice a su querido señor Twemlow, y reanimada a regañadientes con curaçao por el Analítico.

Y tras eso, las damas de honor empiezan a llegar en ferrocarril desde varias partes del país, y a llegar como adorables reclutas alistados por un sargento ausente; pues, al llegar al depósito de los Veneering, se encuentran en un cuartel de desconocidos.

Así pues, Twemlow se vuelve a casa, a Duke Street, en St. James’s, a tomarse un plato de caldo de carnero con una chuleta dentro y a echarle un vistazo al servicio matrimonial para poder intervenir en el momento preciso al día siguiente; y está abatido, y el panorama sobre el patio de la caballeriza le parece lúgubre, y es plenamente consciente de una abolladura en su corazón, hecha por la más adorable de las damas de honor adorables. Porque el pobre y apacible caballero tuvo antaño su ilusión, como el resto de nosotros, y ella no correspondió (como a menudo no corresponde), y él cree que la dama de honor adorable se parece a aquella ilusión tal como era entonces (cosa que no se le parece en absoluto), y que si la ilusión no se hubiera casado con otro por dinero, sino que se

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