Alguien se convierte en el tema de una predicción
«“Te damos sinceras gracias por haber tenido a bien librar a esta nuestra hermana de las miserias de este mundo pecaminoso”.»
Así leyó el reverendo Frank Milvey con voz no del todo serena, pues el corazón le advertía que no todo iba bien del todo entre nosotros y nuestra hermana —o digamos nuestra hermana política—, la ley de pobres —Poor Law—, y que a veces leíamos estas palabras de manera espantosa, sobre nuestra hermana y sobre nuestro hermano también.
Y Sloppy—a quien la valiente difunta jamás le había vuelto la espalda hasta que huyó de él, sabiendo que de otro modo no se apartaría de ella—, Sloppy no alcanzaba aún en su conciencia a hallar el cordial agradecimiento que se le exigía.
Egoísta por parte de Sloppy, y aun así excusable, cabe esperar humildemente, porque nuestra hermana había sido más que su madre.
Las palabras fueron leídas sobre las cenizas de Betty Higden, en un rincón de un cementerio cerca del río; en un cementerio tan apartado que no había en él más que montículos de hierba, ni siquiera una sola lápida.