Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XV

Ni una sola palabra más pronunció Bradley en toda la noche. Ni una sola vez cambió de postura, ni aflojó su aprehensión sobre la muñeca.

Rígido ante el fuego, como si fuera una llama hechizada que lo estuviera envejeciendo, se sentó, con las líneas oscuras profundizándose en su rostro, su mirada volviéndose cada vez más demacrada, su superficie tornándose más y más blanca como si la estuvieran cubriendo de cenizas, y la textura misma y el color de su cabello degenerando.

No fue sino hasta que la luz tardía del día transparentó la ventana, que esta estatua en descomposición se movió.

Luego se incorporó lentamente y se sentó en la ventana a mirar hacia afuera.

Riderhood había mantenido su silla toda la noche. En la primera parte de la noche había mascullado dos o tres veces que hacía un frío terrible, o que el fuego se consumía rápido, cuando se levantaba para avivarlo; pero, como no pudo arrancar de su compañero ni un sonido ni un movimiento, después había guardado silencio.

Estaba haciendo unos preparativos desordenados para preparar café, cuando Bradley se apartó de la ventana y se puso el abrigo y el sombrero.

—¿No haríamos bien en tomar un bocado antes de ponernos en marcha? —dijo Riderhood—. No es bueno congelar el estómago vacío, amo.

Sin dar señales de haberlo oído, Bradley salió de la casa de la esclusa.

Tomando un trozo de pan de la mesa y bajo el brazo su atillo de barquero, Riderhood lo siguió inmediatamente.

Bradley se volvió hacia Londres. Riderhood lo alcanzó y caminó a su lado.

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