y yo—” Y con su característico ademán de brazo derecho con el que barre con todo y lo zanja para siempre, el señor Podsnap borra de la faz del universo a estos infortunados, molestamente inexplicables, que han vivido por encima de sus posibilidades y se han arruinado por completo.
Eugene, recostado en su silla, observa a Mr. Podsnap con expresión irreverente, y tal vez esté a punto de hacer una nueva sugerencia, cuando se ve al Analítico en colisión con el Cochero; manifestando el Cochero el propósito de abalanzarse sobre la compañía con una bandeja de plata, como si tuviera la intención de hacer una colecta para su esposa y su familia; el Analítico le corta el paso junto al aparador.
La superior majestuosidad, si no la superior capacidad táctica, del Analítico se impone sobre un hombre que no es nada fuera del pescante; y el Cochero, cediendo su bandeja, se retira derrotado.