“Now, my girl, unless you have the self-command to be perfectly quiet, I cannot allow you to remain in the
Pleasant, por consiguiente, se seca los ojos con el cabello de la nuca, que necesita urgentemente ser recogido de nuevo, y habiéndoselo quitado de en medio, observa con aterrorizado interés todo lo que sucede.
Su aptitud natural de mujer no tardará en permitirle prestar una pequeña ayuda. Anticipándose a lo que el médico pueda necesitar, se lo tiene preparado silenciosamente y, así, poco a poco, se le confía la tarea de sostener la cabeza de su padre sobre su brazo.
Es algo tan nuevo para Pleasant ver a su padre convertido en objeto de simpatía y de interés, encontrar a alguien dispuesto a tolerar su compañía en este mundo, por no decir que le suplica con insistencia y consuelo que permanezca en él, que le produce una sensación que jamás había experimentado.
Una vaga idea de que, si las cosas pudieran permanecer así durante mucho tiempo, sería un cambio respetable, flota en su mente. También cierta idea difusa de que el viejo mal ha sido ahogado en su interior y de que, si felizmente regresara para reanudar la ocupación de la forma vacía que yace sobre la cama, su espíritu habrá cambiado.
En tal estado de ánimo, besa los labios pétreos y cree firmemente que la mano inexpresiva que frota volverá a ser una mano tierna, si es que llega a revivir jamás.
Dulce delirio para la buena de Riderhood. Pero lo atienden con un interés tan extraordinario, su ansiedad es tan aguda, su vigilancia es tan grande, su júbilo exaltado se vuelve tan intenso a medida que los signos de vida se fortalecen, que ¿cómo va a resistirse, pobrecita!