tanto tiempo habéis huido os acosen más, ¡venid a mí! Soy el Funcionario de Asistencia Social designado por ordenanza eterna para hacer mi trabajo; no se me valora según lo evada. Mi pecho es más blando que el de la enfermera de beneficencia; la muerte en mis brazos es más apacible que entre las salas de los pauperizados. ¡Venid a mí!».
También había en su mente inculta espacio de sobra para fantasías más tiernas. Aquellos señores y sus hijos dentro de aquellas hermosas casas, al mirarla, ¿podrían pensar lo que era pasar hambre de verdad, frío de verdad? ¿Sentirían hacia ella algo del asombro que ella sentía hacia ellos? ¡Benditos los queridos niños risueños! Si hubieran podido ver al enfermo Johnny en sus brazos, ¿habrían llorado de compasión? Si hubieran podido ver al difunto Johnny en esa pequeña cama, ¿lo habrían entendido? ¡Benditos sean los queridos niños por causa de él, de todos modos! Lo mismo ocurría con las casas más humildes de la pequeña calle, con la luz del fuego interior brillando en los cristales a medida que la penumbra exterior oscurecía. Cuando las familias se reunían allí dentro para pasar la noche, era solo una fantasía necia sentir como si fuera un poco cruel de su parte cerrar la contraventana y apagar la llama. Lo mismo sucedía con las tiendas iluminadas, y las especulaciones sobre si sus dueños y dueñas, tomando el té en la perspectiva de una salita interior —no tan retirada como para que el aroma del té y de la tostada no saliera, mezclado con el brillo de la luz, a la calle—, comían, bebían o vestían lo que vendían con mayor gusto por el hecho de comerciar con ello. Lo mismo pasaba con el cementerio en un ramal del solitario camino hacia el lugar de reposo nocturno. «¡Ay de mí! ¡Los muertos y yo parece que lo tenemos casi para nosotros solos en la oscuridad y con este tiempo! Pero tanto mejor para todos los que están cálidamente alojados en casa». La pobre alma no envidiaba a nadie con amargura ni le escatimaba nada a nadie.
Pero el viejo aborrecimiento se fortalecía en ella a medida que ella se iba debilitando, y encontró en sus deambulares un alimento más duradero que el que ella misma hallaba.