No viendo otra salida, Veneering frena aquí en seco a su Pegaso oratorio y se precipita de cabeza, de golpe, con un:
«¡Lammle, Dios te bendiga!»
Luego Lammle. Demasiado de él en todos los sentidos; demasiado dominante una nariz de forma grosera y equivocada, y su nariz en su mente y en sus modales; demasiado de sonrisa para ser real; demasiado de ceño fruncido para ser falso; demasiados dientes grandes para ser visibles a la vez sin sugerir un mordisco.
Él os agradece, queridos amigos, vuestro amable saludo, y espera recibiros —tal vez en la próxima de estas encantadoras ocasiones— en una residencia más adecuada a vuestros merecimientos en lo que a los ritos de la hospitalidad se refiere. Nunca olvidará que en casa de los Veneering vio por primera vez a Sofronia. Sofronia nunca olvidará que en casa de los Veneering lo vio por primera vez a él. Hablaron