tus afectos y poseer tu corazón, se me vino a la cabeza responderle de sopetón: "¡Ganar sus afectos y poseer su corazón! Miau dice el gato, Cuac cuac dice el pato, y Guau-guau-guau dice el perro". No sabría decirte cómo se me vino a la cabeza ni de dónde, pero sonaba tan contundente que te confieso que me dejó pasmado a mí mismo. ¡Aunque estuve a punto de soltar la risa floja cuando se quedó mirando a John con los ojos como
—Dijiste, hermosa —le recordó la señora Boffin a Bella—, que había otra cosa que no podías comprender.
—¡Oh, sí! —exclamó Bella, cubriéndose la cara con las manos—; pero eso jamás podré comprenderlo mientras viva. Me refiero a cómo pudo John amarme tanto cuando yo lo merecía tan poco, y cómo ustedes, señor y señora Boffin, pudieron olvidarse tanto de sí mismos y tomarse tantas molestias y trabajo para hacerme un poco mejor y, después de todo, ayudarlo a conseguir una esposa tan indigna. Pero estoy muy, muy agradecida.
Le tocó entonces a John Harmon —John Harmon ya para siempre, y John Rokesmith para nunca jamás— suplicarle (de manera totalmente innecesaria) en favor de su engaño, y decirle, una y otra vez, que este se había prolongado debido a sus propios encantos cautivadores en su supuesta posición social. Esto dio lugar a muchos intercambios de muestras de afecto y alegría por todas partes, en medio de los cuales, al observarse al Inagotable mirando fijamente, de una manera de lo más imbécil, el pecho de la señora Boffin, se proclamó que poseía una inteligencia sobrenatural respecto a todo el asunto, y se le hizo declarar a las damas y caballeretes, con un ademán del puño moteado (separado con dificultad de una cintura sumamente corta): «¡Ya le he informado a mi venerable Ma de que lo sé todo al respecto!».