Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
Página 961 de 1361
Table of Contents

XIV. El señor Wegg prepara una piedra de afilar para las narices del señor Boffin

—Tolerable —replicó el señor Venus—. No es gran cosa de presumir.

—¡Va-lerosamen-te! —dijo Wegg—: siento, socio, que no te recuperes más deprisa, pero tu alma es demasiado grande para tu cuerpo, caballero; por ahí van los tiros. ¿Y qué tal nuestro género, socio? ¡Bien amarrado, bien hallado, socio? ¿Viene a ser eso?

—¿Deseas verlo? —preguntó Venus.

—Si le parece bien, socio —dijo Wegg, frotándose las manos—. Desearía verlo conjuntamente con usted. O, en palabras semejantes a algunas que se pusieron música hace algún tiempo:

«Deseo que lo veas con tus ojos, y yo lo juraré con los míos».

Volviéndose de espaldas y girando una llave, el señor Venus sacó el documento, sujetándolo por su esquina habitual. El señor Wegg, sujetándolo por la esquina opuesta, se sentó en el asiento que el señor Boffin acababa de dejar vacante, y lo examinó.

—Todo en orden, caballero —admitió lenta y a regañadientes, reacio a soltarlo—, ¡todo en orden!

Y observó con avidez a su socio mientras este volvía a volverse de espaldas y volvía a girar la llave.

—Supongo que no hay nada nuevo, ¿no? —dijo Venus, volviendo a ocupar su silla baja detrás del mostrador.

—Sí que la hay, señor —respondió Wegg—; hubo algo nuevo esta mañana. Ese viejo zorro, usurero y tacaño—

—¿Señor Boffin? —inquirió Venus, echando una ojeada hacia el par de yardas de sonrisa del caimán.

961