Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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XII. Más aves de presa

medida que avanzaba—: cuando usted dice que un hombre «deberá» firmar esto, aquello y lo de más allá, capitán, le da órdenes en un tono bastante soberbio. ¿No le parece a usted mismo?

El hombre se quedó quieto y lo clavó con furia con la mirada.

—¡Padre, padre! —suplicó Pleasant desde la puerta, con la mano libre temblándole nerviosa en los labios—; ¡no! ¡No te metas en más líos!

—¡Escúcheme, capitán, escúcheme! Todo lo que deseaba mencionarle, capitán, antes de que se marchara —dijo el rastrero de Mr. Riderhood, apartándose de su camino—, eran sus amables palabras respecto a la recompensa.

—Cuando lo reclame —dijo el hombre, en un tono que parecía dejar muy claramente sobreentendidas unas palabras como «perro infeliz»—, lo compartirás.

Mirando fijamente a Riderhood, volvió a decir en voz baja, esta vez con una especie de sombría admiración hacia él como una obra maestra de la maldad: «¡Qué mentiroso estás hecho!», y, asintiendo con la cabeza dos o tres veces ante el cumplido, salió de la tienda. Pero a Pleasant le dio las buenas noches con amabilidad.

El hombre honrado que se ganaba el sustento con el sudor de su frente permaneció en un estado próximo a la estupidez, hasta que el vaso sin pie y la botella inacabada acudieron a su mente. De su mente los pasó a sus manos, y así condujo el resto del vino a su estómago.

Unaerto esto, despertó a la clara percepción de que el loro parlanchín era el único responsable de lo ocurrido. Por consiguiente, para no faltar a su deber de padre, arrojó un par de botas de mar contra Pleasant, quien se agachó para esquivarlas y luego se puso a llorar, pobrecita, usando sus cabellos como pañuelo.

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