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XVII. Un pantano sombrío

deja la tarjeta de la señora Henry George Alfred Swoshle, de soltera Tapkins; asimismo, una tarjeta, señora Tapkins En Casa,

La señorita Bella Wilfer se convierte en huésped, por un tiempo indefinido, de la eminentemente aristocrática residencia.

La señora Boffin se lleva a la señorita Bella a casa de su modista y sombrerera, y la viste primorosamente.

Los Veneering descubren con rápido remordimiento que han omitido invitar a la señorita Bella Wilfer. Una señora Veneering y un señor y una señora Veneering, solicitando ese honor adicional, hacen penitencia al instante en cartulina blanca sobre la mesa del recibidor.

La señora Tapkins descubre asimismo su omisión y la repara con prontitud: por ella misma; por la señorita Tapkins, por la señorita Frederica Tapkins, por la señorita Antonina Tapkins, por la señorita Malvina Tapkins y por la señorita Euphemia Tapkins. Asimismo, por la señora Henry George Alfred Swoshle, de soltera Tapkins. Asimismo, por la señora Tapkins en Su Casa, los miércoles, Música, Portland Place.

Los libros de los comerciantes tienen hambre, y a los comerciantes se les hace la agua la boca, por el polvo de oro del Hombre del Polvo Dorado. Mientras la señora Boffin y la señorita Wilfer salen a pasear en coche, o el señor Boffin camina a su trote cochinero, el pescadero se quita el sombrero con un aire de reverencia basado en el convencimiento. Sus empleados se limpian los dedos en los delantales de lana antes de atreverse a llevarse la mano a la frente ante el señor Boffin o su Dama. El salmón boquiabierto y el mújol dorado que yacen sobre la losa parecen poner los ojos en blanco, como pondrían las manos si las tuvieran, en una admiración devota. El carnicero, aunque es un hombre corpulento y próspero, no sabe qué hacer consigo mismo, tan ansioso está por expresar humildad cuando los Boffin, que pasan a tomar el aire por un

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