—Debemos conocer su contenido —dijo Venus.
—¡Óigame! —exclamó Wegg—. Lo dije y abrí la caja a la fuerza.
—¡Sin venir a verme! —exclamó Venus.
—¡Exactamente así, caballero! —respondió Wegg, con amabilidad y jovialidad—. ¡Ya veo que me sigue usted! ¡Muy bien, muy bien, muy bien! ¡Resuelto, como su prudente y distinguido juicio percibe, que si iba a tener una sor—pren—sa , tenía que ser completa! Bien, caballero. Y así, como usted me ha honrado al adelantarse, examiné el documento. Debidamente ejecutado, debidamente presenciado, muy breve. Puesto que nunca ha hecho amigos y siempre ha tenido una familia rebelde, él, John Harmon, le entrega a Nicodemus Boffin el Pequeño Túmulo, que es más que suficiente para él, y le entrega todo el resto y remanente de su propiedad a la Corona.
—Hay que fijarse en la fecha del testamento que ha sido validado —observó Venus—. Puede