Como consecuencia de lo cual tenemos al mismo tiempo sociabilidad (yo me volvería melancólicamente loco sin la señora Boffin), Moda y Comodidad. * Si poco a poco llego a ser un mayor entusiasta de la Moda, entonces la señora Boffin poco a poco avanzará. * Si la señora Boffin llegara a ser menos experta en la Moda de lo que es en la actualidad, entonces la alfombra de la señora Boffin retrocederá. * Si ambos continuamos como estamos, pues entonces aquí estamos, y
La señora Boffin, que, sonriendo perpetuamente, se había acercado y pasado su regordete brazo por el de su señor, accedió de muy buena gana. La moda, en forma de su sombrero de terciopelo negro y plumas, trató de impedirlo; pero salió merecidamente aplastada en el intento.
—Así que ahora, Wegg —dijo el señor Boffin, secándose la boca con aire muy refrescado—, empieza a conocernos tal como somos. Este es un lugar encantador, el Montículo, pero hay que llegar a apreciarlo gradualmente. Es un rincón cuyas virtudes se van descubriendo poco a poco, y una nueva cada día.
Hay un sendero serpenteante que sube por cada uno de los montículos, y que le ofrece un panorama del corral y el vecindario que cambia a cada momento. Cuando llega a la cima, hay una vista de las propiedades vecinas que no tiene igual. A la propiedad del difunto padre de la señora Boffin (Comercio de Provisiones Caninas) se asoma uno como si fuera propia.
Y la cima del Alto Montículo está coronada por un cenador de celosía en el que, si no lee en voz alta muchos libros en verano y, vaya, como amigo, no recita también muchas veces poesía, no será por culpa mía. Y bien, ¿qué va a leer a continuación?