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nydus/Our Mutual FriendPublic
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VII. En el que se origina un gesto amistoso

—No soy competente para hablar de eso, señor Wegg —dice Venus, enrojeciendo y levantando un poco más la voz—; pero sobre un punto de hecho creo que sí me considero competente para hablar; y como punto de hecho le habría visto a usted... ¿me permite añadir algo más?

—Yo no diría más que más allá, si fuera usted —sugiere el señor Wegg, pacíficamente.

—Antes se lo habría entregado a usted en mano sin que me pagaran mi precio por ello. No pretendo saber cómo estará el punto de ley, pero estoy plenamente convencido en cuanto al punto de hecho.

Como el señor Venus está irritable (sin duda debido a su desengaño amoroso), y como no le conviene al señor Wegg sacarlo de sus casillas, este último caballero observa de manera conciliadora:

«Tan solo lo planteo como un casito; tan solo lo planteo a título hipo-medio-tético».

—Pues entonces preferiría, señor Wegg, que lo dejara para otra ocasión, en plan per-en-éndico —replica el señor Venus—, porque le digo francamente que no me gustan sus diamantitos.

Llegado para este entonces a la sala del señor Wegg, iluminada y hecha acogedora en la fría tarde por la luz del gas y el fuego, el señor Venus se ablanda y lo felicita por su morada; aprovechando la ocasión para recordarle a Wegg que él (Venus) le había dicho que se había metido en un buen negocio.

—Tolerable —replica Wegg—. Pero tenga presente, señor Venus, que no hay oro sin su aleación. Prepárese una mezcla y tome asiento en el rincón de la chimenea. ¿Fumará una pipa, señor?

—No paso de ser un ejecutante mediocre, señor —responde el otro—, pero le acompañaré con una calada o dos de vez en cuando.

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