Codal
nydus/Our Mutual FriendPublic
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III. Una obra maestra

Veneering, al mismo tiempo, le cede el bebé a la niñera; se presiona las manos aguileñas sobre la frente, para ordenar el intelecto palpitante que hay dentro; manda a preparar el carruaje; y repite de manera distraída y devota, mezcla de Ofelia y cualquier mujer de la antigüedad dispuesta al inmolamiento que prefiráis: «Tenemos que trabajar».

Veneering, habiendo ordenado a su cochero que embistiera contra el público en las calles, al estilo de los Guardias de Corps en Waterloo, es conducido furiosamente a Duke Street, Saint James’s.

Allí encuentra a Twemlow en sus aposentos, recién salido de las manos de un artista secreto que le ha estado haciendo algo en el cabello con yemas de huevo.

Como el proceso requiere que Twemlow, durante las dos horas posteriores a la aplicación, mantenga el cabello tieso hacia arriba y se seque gradualmente, se encuentra en un estado apropiado para recibir noticias desconcertantes; luciendo a la vez como el Monumento de Fish Street Hill y el rey Príamo en cierta ocasión incendiaria no del todo desconocida como un elegante tópico de los clásicos.

—Mi querido Twemlow —dice Veneering, cogiéndole las dos manos—, como el más querido y antiguo de mis amigos...

(«Entonces ya no puede caber la menor duda al respecto en el futuro —piensa Twemlow—, ¡y yo soy !»)

—¿Cree usted que su primo, lord Snigsworth, prestaría su nombre como miembro de mi comité? No llego al extremo de pedir a su señoría; solo pido su nombre. ¿Cree usted que me daría su nombre?

De pronto, sintiéndose desanimado, Twemlow responde: «No creo que lo haga».

—Mis opiniones políticas —dice Veneering, sin saber antes que tuviera ninguna— son idénticas a las de lord Snigsworth, y tal vez, por

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