Eugene sugiere que la señora Lammle, al no ser madre, no tenía ningún bebé que mirar.
—Es verdad —dice la señora Veneering—, pero el principio es el mismo.
Boots tiene claro que el principio es el mismo. Buffer también.
Es el desafortunado sino de Buffer dañar una causa al defenderla. El resto de la compañía ha cedido mansamente ante la proposición de que el principio es el mismo, hasta que Buffer dice que lo es; momento en el que instantáneamente surge un murmullo generalizado de que el principio no es el mismo.
“Pero no comprendo —dice el Padre de las trescientas setenta y cinco mil libras—, si esta gente de la que se habla ocupaba la posición de estar en sociedad, ¿estaban en sociedad?”.
Veneering se ve obligado a confesar que cenaron aquí, y que incluso se casaron desde aquí.
—Entonces no entiendo —continúa el Padre—, cómo incluso el vivir por encima de sus medios pudo llevarlos a lo que se ha dado en llamar una bancarrota total. Porque siempre existe la posibilidad de reestructurar los asuntos, tratándose de personas con un mínimo de posición.
Eugene (que parecería hallarse en un sombrío estado de sugestionabilidad), sugiere:
«¿Y si uno no tiene medios y vive por encima de ellos?»