(«Ahora me pregunto —piensa Mortimer, divertido—, ¡si serás la Voz de la Sociedad!»)
—¡Oiga, oiga, oiga! —clama Lady Tippins—. ¿Su opinión sobre esta mala alianza, honorables colegas del honorable miembro que acaba de tomar asiento?
La señora Podsnap es de la opinión de que en estos asuntos «debe haber una igualdad de posición y fortuna, y que un hombre acostumbrado a la Sociedad debe buscar una mujer acostumbrada a la Sociedad y capaz de desempeñar su papel en ella con—una soltura y elegancia de porte—eso». La señora Podsnap se detiene ahí, insinuando delicadamente que todo hombre semejante debe buscar una mujer espléndida que se parezca lo más posible a ella misma que pueda esperar descubrir.
(«Ahora me pregunto —piensa Mortimer—, ¡si serás la Voz!»)
La señora Tippins ausculta a continuación al contratista, de quinientos caballos de fuerza. A este potentado le parece que lo que el susodicho hombre debió haber hecho habría sido comprarle a la joven un bote y una pequeña renta vitalicia, y establecerla por su cuenta. Estas cosas son una cuestión de filetes de ternera y cerveza porter. * Le compras un bote a la joven. Muy bien. * Le compras, al mismo tiempo, una pequeña renta vitalicia. Hablas de esa renta en libras esterlinas, pero en realidad son tantas libras de filetes de ternera y tantas pintas de cerveza porter. Por un lado, la joven tiene el bote. Por el otro, consume tantas libras de filetes de ternera y tantas pintas de cerveza porter. Esos filetes de ternera y esa cerveza son el combustible para el motor de esa joven. De ellos obtiene una cierta cantidad de fuerza para remar en el