final...» Lightwood empezaba a protestar, cuando se atuvo a las
“¡Ah! ¡Fíjate ahora! Eso es exactamente lo que soy incapaz de hacer. ¡Qué agudo eres, Mortimer, al dar con mi punto débil!
Cuando íbamos juntos a la escuela, me preparaba las lecciones en el último momento, día tras día y poco a poco; ahora que estamos juntos en la vida real, me preparo las lecciones de la misma manera.
En la tarea actual no he pasado de esto:—estoy empeñado en encontrar a Lizzie, y pienso encontrarla, y recurriré a cualquier medio para encontrarla que se me presente. Medios limpios o sucios, me da exactamente igual.
Te pregunto—a título informativo—, ¿qué significa eso? Cuando la haya encontrado, tal vez te pregunte—también a título informativo—, ¿qué es lo que pretendo ahora? Pero sería prematuro en esta fase, y no es esa la índole de mi mente”.
Lightwood negaba con la cabeza ante el aire con que su amigo se explayaba de aquel modo—un aire tan caprichosamente abierto y discutidor que casi despojaba lo que decía de toda apariencia de evasión—, cuando se oyó un arrastrar de pies en la puerta exterior, y luego un golpe indeciso, como si alguna mano estuviera buscando a tientas el llamador. —La juventud retozona del vecindario —dijo Eugene—, a la que me encantaría arrojar desde esta altura al cementerio de abajo, sin ninguna ceremonia de por medio, probablemente ha apagado la lámpara. Estoy de servicio esta noche y me encargaré de la puerta.
Su amigo apenas había tenido tiempo de recordar el brillo sin precedentes de determinación con el que le había hablado de encontrar a esta muchacha, y que se le había esfumado con el aliento de las palabras pronunciadas, cuando Eugene regresó, haciendo pasar a la sombra más