Era un espectáculo agradable, en medio de la dorada floración, ver a aquel viejo y salobre Cascarrabias, agitando su sombrero de tres picos hacia Bella, mientras sus ralos cabellos blancos ondeaban libres, como si ella lo hubiera vuelto a botar al mar abierto.
—Eres un pensionista encantador —dijo Bella—, y estoy tan feliz que desearía poder hacerte feliz a ti también.
A lo que respondió Cascarrabias: —¡Dame permiso para besar tu mano, mi Bella, y estará hecho!
Y así se hizo para general contento; y si Cascarrabias, en el transcurso de la tarde, no se echó un trago a la salud de todos, no fue por falta de medios para infligir semejante ultraje a los sentimientos de las Infantiles Bandas de la Esperanza.
Pero el banquete de bodas fue el éxito rotundo, pues